Se dice que, desde tiempos antiguos, nombre es destino. “Nomen es omen” (el nombre es una señal), afirmaban los romanos y desde aquellos tiempos éste venía determinado por la familia a la que se pertenecía y el nacimiento.  Algunas creencias sugieren que la energía del nombre y la fecha de nacimiento pueden atraer ciertas experiencias, y cambiar un nombre podría alterar el entorno y el destino de una persona. Incluso en la literatura, con Shakespeare en la frase de uno de sus más grandes clásicos se expone dicha idea: ´´¿Qué hay en un nombre? Lo que llamamos rosa con cualquier otro nombre tendría el mismo perfume.´´ ( Romeo y Julieta, II,2, 23 ) y en su obra no es el único caso, relacionando el destino de la persona con su apelativo. Pero ¿y los apodos y sobrenombres? ¿Qué pasa cuando una serie de circunstancias se conjuntan para ser identificados por quienes nos rodean de forma determinada?

En 1999 en el mes de abril, en la Universidad Nacional Autónoma de México, estalló una huelga estudiantil que duraría nueve meses. Su impacto social fue profundo pues con esta acción se logró mantener la gratuidad de la UNAM y retrasar la privatización educativa, a pesar de la represión y la controversia generada por la toma de instalaciones. Fue una voz contra el neoliberalismo imperante en ese momento político en nuestro país, aunque hubo una gran polarización respecto a este importante movimiento estudiantil. Los medios de comunicación, en una época donde todavía no existía el internet ni las redes sociales, jugaron un papel fundamental al desacreditar el movimiento que terminó con la intervención por parte de las autoridades y deteniendo a los líderes estudiantiles. El más célebre de ellos, Alejandro Echavarría Zarco, conocido como “El Mosh”.

Nadie pensaría que, en ese mismo tiempo, en una universidad conservadora surgiera una persona que pretendían comparar con el citado líder estudiantil, por el sólo hecho de preguntar y cuestionar siempre. Esa persona fue nombrada como Alejandro con la diferencia de ser mujer, en un ambiente controlado por una mentalidad más cerrada en esos años. Cargó con ese apodo por mucho tiempo y esto la llevó a no desear ser quien era pero también a dar sus primeros pasos en el periodismo estudiantil. A lo largo de su vida, muchas veces intentó ser de otra manera sin éxito hasta que, algunos sucesos funestos la colocaron en el lugar correcto a la hora exacta para darle la vuelta al sobrenombre y, por fin, aceptar esa parte de su personalidad directa y sin filtros.

Es así que en el 2021 nace Radio Mosh, como un espacio libre, sin censura, donde, desde un primer momento, se ha buscado llevar la cultura, la política, el derecho, los sucesos cotidianos a la conversación pública, de una manera sencilla para fomentar el cuestionamiento y el pensamiento crítico tan escaso en estos tiempos. La apertura de los medios de comunicación en el internet y la caída de las audiencias en los programas tradicionales y la pandemia de 2020, dieron lugar a voces que buscan ser escuchadas, a espacios que buscan ser ocupados por profesionales educados y con criterio, poner el dedo en los temas que aquejan a la sociedad y contribuir a que la mentalidad colectiva siga avanzando en libertades para erradicar el ambiente de violencia que nos ahoga en la actualidad.

En este camino hemos ido sumando colaboradores profesionales en sus respectivas áreas que creen en lo que hacemos en este espacio y que están preocupados por el mundo por el que transitamos y que dejaremos a las futuras generaciones. Hemos conocido personas valiosas e interactuado con diversos ambientes que enriquecen todos los días la vereda que recorremos.

Es así, que las redes sociales no nos son suficientes para expresar experiencias, reseñas, vivencias y todo lo que nos ha tocado vivir en Radio Mosh y cada vez tenemos una necesidad más grande de ser una voz importante en la comunicación así como dar lugar a aquellos que no lo encuentran tan fácil, además de ser un espacio de libre de expresión donde podemos estar de acuerdo  o no, pero siempre respetando las opiniones y  las diversas posturas.

Y viendo todo esto, quizás no sólo el nombre es destino: también el sobre nombre o el apodo porque al final, habla de aquello que nosotros mismos no podemos ver y nos cuesta trabajo reconocer. Aquí, como tantos personajes, lo hemos convertido en nuestro sello mientras bailamos en el mar de gente. Porque “Mosh” también es baile, sinónimo del slam y propio de los grupos de rock y punk, un desorden controlado, una rebeldía que se expresa con cada paso y al son de la música que vamos conociendo todos los días.

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